Consulta de Psicología Carmen Lidia García Huerta

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Situaciones de cambio 

Situaciones de cambio

Hay cambios en nuestra vida que inicialmente suponen buenas noticias, avances o progresos, pero más tarde podemos notar que nos generan ansiedad o estrés y que nos cuesta adaptarnos a ellos. Estos cambios pueden tambalear esquemas, creencias y hábitos fuertemente arraigados en nuestra persona y, a la inquietud que esto supone, a veces también se añade el sentimiento de culpa por experimentar malestar.

 

“Con lo mucho que nos ha costado tener un bebé... no entiendo por qué ahora no me siento feliz”

“Antes de comenzar el grado pensaba que esta carrera estaba hecha para mí, pero la verdad es que cada día se me hace más cuesta arriba ir a clase y estudiar”

“Se suponía que, cuando se independizaran nuestros hijos, mi mujer y yo íbamos a disfrutar de la casa, aprovechar más el tiempo, viajar... pero estamos todo el día discutiendo, amargados”

“Vine a este país con mucha ilusión por trabajar y mejorar mi vida, pero ahora extraño a mi familia y me parece que no acabo de encontrar mi lugar”

 “Este trabajo se está convirtiendo en una carga para mí. Lo que al principio parecía un proyecto lleno de posibilidades, ahora sólo me acarrea tensión y disgustos”

“Desde hace tiempo estoy pensando en separarme, pero me da miedo la soledad y no ser capaz de arreglármelas por mí misma”

         

Cuando el malestar emocional está relacionado con algo que entendemos como positivo o como una mejora para nuestras vidas, puede resultarnos más difícil comprender lo que está sucediendo, ya que nos decimos a nosotros/as mismos/as lo que se supone que “deberíamos” sentir, y no aceptamos lo que estamos viviendo en realidad. Es un momento complejo para nuestra mente, porque enfrentarnos a esta aparente contradicción remueve algunos de nuestros cimientos psicológicos más profundos, tales como:

 

Expectativas vitales

Cuando esperamos seguir un determinado itinerario vital, en el cual “tienen” que producirse ciertos acontecimientos en un orden supuestamente lógico, si esto no sucede nos lleva a experimentar una angustia que incluso puede impedir que disfrutemos de las cosas buenas que nos pasan.

En ocasiones también ocurre que, aunque hayamos alcanzado algunos de los logros que nos proponíamos, nos parezcan insuficientes porque nuestra mirada continúa anclada a aquellos que todavía están por llegar. Esto desemboca en una sensación permanente de insatisfacción que en realidad puede estar causada por otros factores psicológicos, como por ejemplo lo que llamamos comúnmente baja autoestima.

 

Valores familiares y sociales

Por otra parte, puede que la sensación de incomodidad o malestar se produzca como consecuencia del choque entre nuestra realidad y aquellos valores en los que hemos crecido. Por ejemplo, una mujer podría estar disfrutando del nacimiento de su primer hijo, pero la ansiedad que le produce la desaprobación de sus padres, quienes esperaban que se casara antes de tener hijos, no le permite vivir este momento en plenitud.

Otra situación similar puede ser la de un joven gay que se enamora por primera vez, pero el conflicto entre sus emociones y las dificultades que anticipa en la relación con su familia puede sumirle en un estado depresivo.

 

Aspiraciones y deseos

A un nivel más individual, es posible que aquello que hemos deseado durante mucho tiempo, llegue un momento en que ya no tenga el mismo significado para nosotros/as, y que nos preguntemos si es realmente lo que queremos, como por ejemplo estudiar un determinado grado universitario. Aunque darnos cuenta de ello puede aliviarnos, quizá también supone cerrar una etapa importante de nuestras vidas y tener que explorar nuevos terrenos que nos generan incertidumbre e inseguridad.

 

Quiénes somos

Muchas veces los cambios, a pesar de que sean positivos, conllevan nuevos roles, o funciones que desempeñamos en relación a otras personas, que pueden ser difíciles de asumir al principio ya que requieren de un tiempo de adaptación. Esto produce una “revolución” en nuestro mundo interior que pasa al primer plano emocional, y que parece dejar a un lado la alegría o el bienestar que esperábamos experimentar.

Por otra parte, cada uno de los sentimientos y conflictos que hemos visto en los apartados anteriores puede afectar a nuestra identidad, pues nos confrontan con nuevas perspectivas de nosotros/as mismos/as que hacen que no nos reconozcamos del todo. Afrontar y resolver estas sensaciones tal vez sea angustioso, pero también puede dar paso a una mayor satisfacción con nuestra persona y nuestra vida, al sentir que nuestros pensamientos, deseos, emociones y comportamientos conviven en mayor armonía.



En la consulta de Psicología podemos encontrar un espacio donde poner en perspectiva lo que nos está sucediendo y resolverlo sin angustia ni presión. En ocasiones se trabajará la adaptación al cambio, permitiendo a nuestra mente asimilar paulatinamente la nueva situación y lo que demanda de nosotros/as. Otras veces es necesaria una revisión profunda de lo que dicha situación significa a diferentes niveles: emocional, profesional, en la relación con los demás, etc., para encontrar un equilibrio en el que reconciliar esos diferentes aspectos de nuestra vida.