Consulta de Psicología Carmen Lidia García Huerta

Cita previa: 685 69 80 63

Violencia de género 

Violencia de género

Sufrir violencia física o psicológica por parte de tu marido o pareja puede haber provocado en ti la sensación de que "ya no puedes hacer nada", creer que eres la culpable o incluso que es algo normal que "debes aguantar". En este apartado te ofrezco una visión diferente que espero pueda ayudarte.

La violencia de género, violencia sobre la mujer o violencia machista, es la violencia que sufre una mujer por el mero hecho de serlo. Sin embargo, la aparente sencillez de esta definición esconde una realidad compleja que muchas veces resulta difícil de identificar, especialmente cuando el maltrato tiene lugar en el ámbito de la pareja. El desgaste psicológico, las múltiples caras del miedo, el aislamiento, la presión del entorno, las emociones contradictorias..., pueden impedirnos poner en marcha recursos personales para salir de la relación, o incluso pedir ayuda.

Es importante tener claro que la razón última de que exista esta violencia se encuentra en nuestra sociedad, y de la carga extra que ello supone para la mujer que la sufre. Muestra de ello son los mitos que todavía persisten acerca de por qué un hombre agrede a una mujer, todos encaminados a minimizar la responsabilidad del maltratador, o bien a culpabilizar a la víctima. Esto se debe a que el origen de la violencia de género se encuentra en el núcleo de la propia cultura, que favorece la desigualdad entre sexos y discrimina a la mujer. Aquí puedes encontrar algunos de los mitos más frecuentes:

Falso: Ocurre cuando un hombre pega a una mujer. Verdadero: Aunque las agresiones físicas son la parte más visible de esta violencia, el maltrato psicológico es el más frecuente y el que deja secuelas más graves.

Falso: También hay violencia de mujeres hacia hombres. Verdadero: Esta afirmación es correcta, pero la envergadura de la violencia contra las mujeres invalida cualquier comparación en este sentido. Según un reciente estudio, 1 de cada 5 mujeres españolas ha sufrido algún episodio de violencia física o sexual (1).

Falso: Sólo sucede en entornos de bajos ingresos económicos. Verdadero: Se produce en todos los ámbitos y contextos socioeconómicos, pero no en todos es visible por igual.

Falso: Es propia de hombres alcohólicos o sin control sobre sí mismos. Verdadero: El maltrato es una herramienta que un hombre utiliza para mantener el control de su mujer, exmujer, novia o amante, porque con ello obtiene algún tipo de beneficio personal.

Falso: Es un asunto privado, que tienen que resolver en la pareja. Verdadero: Por el contrario, el apoyo externo puede ser determinante para que una mujer consiga salir de una relación de maltrato.

Falso: A mí no me pasaría, yo no lo toleraría. Verdadero: Cualquier mujer puede sufrir violencia de género, independientemente de sus características personales, profesión o recursos. La dinámica de la violencia se va gestando con el tiempo hasta que se convierte en un círculo vicioso muy difícil de romper.

Falso: Los niños no se enteran. Verdadero: Los hijos e hijas son igualmente víctimas de la violencia incluso aunque no sean testigos directos de la misma, ya que no disponen del entorno seguro que necesitan para un adecuado desarrollo psicoafectivo. 


Como he apuntado más arriba, el maltrato no se produce abiertamente desde el principio y rara vez comienza con algunas de sus manifestaciones más evidentes, como pueden ser las agresiones físicas. Más bien, va tomando forma en una escalada sutil pero muy peligrosa, que suele comenzar con conductas de control y de manipulación psicológica por parte del varón, como sucede en el ejemplo ficticio que te presento a continuación:

A Nerea le gustaba que su chico siempre estuviera pendiente de ella. Él le preguntaba dónde iba, con quién había quedado, le pedía que le mandara un whatsapp cuando llegaba y se marchaba de un sitio, o iba a recogerla cuando quedaba con sus amigas. Un día tuvieron una discusión, a raíz de quedarse sin batería y que su novio estuviera varias horas sin poder contactar con ella. Nerea no podía entender por qué él se enfureció tanto, ni por qué la acusaba de haber estado con otro, pero se dijo a sí misma que la razón tenía que ser lo mucho que la quería, y de ahí en adelante se aseguró de llevar la batería cargada.

Situaciones de este tipo, tan comunes y aparentemente triviales, son el germen de muchas relaciones de violencia, ya que fácilmente podemos interpretar el control y los celos posesivos como una expresión de amor, y por tanto justificarlos y minimizarlos. Sin embargo, el control es la puerta de entrada al maltrato, pues responde a la necesidad del maltratador de establecer una posición de poder y dominación sobre su pareja. Conforme el control se va fortaleciendo, el hombre que maltrata se siente más seguro y se permite aumentar el nivel de violencia con el fin de mantener esta posición, pasando a comportamientos cada vez más graves y dañinos.

    

Podemos preguntarnos: ¿por qué se llega tan lejos?, ¿cómo es posible no detectar lo que está pasando y aguantar todo esto?

Entre otros motivos, la propia dinámica de la violencia de género, es decir, la forma en que habitualmente transcurren las relaciones de este tipo, supone un factor crucial que dificulta enormemente la salida de la relación. Esta dinámica tiene lugar en un círculo vicioso de tres fases que pueden repetirse sin fin:

- Fase 1, acumulación de tensión. Durante un periodo de tiempo que puede variar de unos pocos días a varias semanas, meses o incluso años, se van produciendo episodios “menores” de maltrato (insultos, desvalorizaciones, gritos...), que el agresor utiliza para forzar a su pareja a comportarse como él desea. La mujer minimiza dichos incidentes y va cediendo con tal de evitar que la situación empeore. En muchas ocasiones, como mecanismo de supervivencia dentro de la relación, atribuye el comportamiento violento a factores externos a su pareja: es que está tan estresado..., desde que perdió el trabajo no es el mismo..., la muerte de su madre le ha afectado mucho..., o bien a fallos o errores en sí misma: no debería llevarle la contraria..., si mi pareja no funciona estoy haciendo algo mal..., tendría que ser más fuerte y no dejar que me afectara tanto...

- Fase 2, explosión o agresión. Independientemente de los intentos de la mujer de evitar una violencia mayor, finalmente tiene lugar un episodio de grave agresión psicológica, física o sexual, que sirve al maltratador para reafirmar su poder, y deja a la mujer en un estado de shock, de intenso daño psicológico.

- Fase 3, reconciliación o luna de miel. Tras la agresión, el maltratador presenta una cara totalmente diferente y se muestra seductor, cariñoso, incluso aparentemente arrepentido, con el fin de mantener el control sobre la relación y evitar que su pareja le abandone. Niega, resta importancia o justifica lo sucedido, y realiza promesas que refuerzan la esperanza en la mujer de que puede producirse un cambio en él. También es posible que ya no exista esta esperanza, pero la necesidad de recuperarse emocionalmente lleva a la víctima a aceptar ese “respiro” que él le brinda. Esta fase nunca dura más allá de pocos días o semanas, y finalmente comenzará de nuevo la acumulación de tensión.

Con el paso del tiempo las fases se van haciendo cada vez más cortas, y la reconciliación puede llegar a desaparecer. Cuantas más veces gira este círculo, el deterioro psicológico en la mujer es mayor, lo que obstaculizará progresivamente su capacidad para actuar.

 

En cuanto a las consecuencias para la salud psicológica, vivir repetidamente episodios de maltrato por parte de quien debería querernos genera importantes secuelas, tales como:

- Ansiedad y un estado constante de alerta.

- Ánimo depresivo, incluyendo una reducción del interés por las cosas y de la posibilidad de disfrutar con ellas.

- Disminución de la capacidad para solucionar problemas y tomar decisiones.

- Baja autoestima.

- Secuelas traumáticas y reexperimentación de la violencia, como pesadillas y flashbacks.

- Dificultades para concentrarse y alteración de la memoria.

- Aislamiento y pérdida de la confianza en los demás, especialmente en los hombres.

- Sensación de impotencia e indefensión.

- Trastornos psicosomáticos.

 

Si a lo largo de este artículo te has sentido identificada y crees que podrías estar viviendo una relación de maltrato, a continuación te ofrezco algunos consejos para que puedas fortalecerte psicológicamente y tomar decisiones teniendo en cuenta tu propio bienestar:

- Habla con personas de confianza y cuéntales qué sucede. Si te has distanciado de tu familia o amigos, intenta recuperar estos vínculos y tener su apoyo.

- Haz una lista de tus logros personales y de las cosas que haces bien cada día. No importa lo insignificantes que puedan parecerte, es importante que tengas presente lo que vales.

- Identifica los pensamientos que te dices a ti misma para justificar el maltrato. Aunque genera ansiedad, ver la realidad tal y como es te ayudará a encontrar soluciones.

- Asume las emociones contradictorias. Tal vez sigues amando a tu pareja y eso hace más difícil afrontar lo que está pasando, pero también es el momento de que recuerdes el amor por ti misma.

- No te sientas culpable, porque no lo eres. El maltratador es el único culpable de la violencia que ejerce.

- Busca nuevos espacios donde reencontrarte contigo misma y explorar tus capacidades y recursos personales, tales como cursos, talleres o actividades en centros culturales, o practica algún deporte, con el único objetivo de sentirte bien.

- También tienes a tu disposición el teléfono de información 016, donde pueden sugerirte asociaciones o entidades de apoyo contra la violencia de género. No queda reflejado en la factura de teléfono, pero si tu pareja te controla el móvil recuerda marcar otros números después para que no aparezca en las últimas llamadas realizadas.

- Si has decidido denunciar o separarte, pero todavía sigues conviviendo con tu pareja, es importante que sigas un plan de seguridad para protegerte. Aquí te sugiero algunas ideas de cómo hacerlo:

  •      Habla con algún/a vecino/a de tu confianza y pídele que llame a la policía si oye gritos o ruidos de violencia en tu casa.
  •      Procura abrir una cuenta bancaria sólo a tu nombre, y ve ahorrando dinero con el que puedas contar en caso necesario.
  •      Reúne documentos y objetos de primera necesidad, y ocúltalos en una bolsa que esté siempre a mano.
  •      Ante una agresión, aléjate de objetos peligrosos y del alcance de tu pareja, intenta mantenerte cerca de la salida del domicilio y cierra todas las entradas si ha sido él quien ha salido. No dudes en gritar y pedir auxilio, o en acudir a la casa de un/a vecino/a para protegerte. Siempre que te sea posible, llama al teléfono de Emergencias (112).
  •      Acuerda con tus hijas/os una señal que te permita avisarles del momento en que deben salir del domicilio familiar y acudir a casa de un/a vecino/a donde puedan refugiarse y pedir ayuda. Enséñales también a llamar al teléfono de Emergencias (112).

- Aunque hayas intentado separarte o denunciar en otras ocasiones, pero no lo has conseguido o has vuelto a convivir con él, no te desanimes. Muchas veces necesitamos varios intentos cuando nos enfrentamos a algo que nos cuesta, pero también puede ser de ayuda valorar qué es lo que falló otras veces para aprender de ello e intentar prevenirlo.

                                  

En este apartado te he ofrecido información general sobre la violencia de género, pero cada mujer vive esta situación de una manera muy particular y personal, por lo que si quieres hablar de lo que sucede en tu casa en un entorno de confidencialidad, donde puedas pensar y reencontrarte contigo misma, no dudes en contactar conmigo.

  

(1) Violencia de género contra las mujeres: una encuesta a escala de la UE. Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, 2014.