Consulta de Psicología Carmen Lidia García Huerta

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Ansiedad

Ansiedad

La ansiedad es uno de los problemas de salud psicológica más frecuentes. A pesar de ello, muchas personas pasan años sufriendo sus síntomas porque no pueden poner nombre a lo que les ocurre, creen que es algo normal y no deben quejarse por ello, o tal vez entienden que son así y no pueden hacer nada por cambiarlo, lo que además añade un fuerte sentimiento de culpa.

“Sé que no debería, pero cuando se retrasa me pongo muy nerviosa”

“A veces la casa se me echa encima y no puedo respirar bien”

“No me gusta el metro, me siento agobiado cuando hay mucha gente”

“Cada vez que estudio para un examen es peor, no consigo concentrarme y sólo pienso en que voy a suspender”

“Intento controlarlo, pero cuando mi jefe aparece por la oficina empiezo a sudar”

“Siempre he sido nervioso, pero últimamente me cuesta dormir y no paro de dar vueltas a las cosas”

“Me siento muy tensa y acabo discutiendo con todo el mundo”


Para comprender cómo funciona la ansiedad, en primer lugar es necesario saber que se trata de una respuesta normal del organismo ante posibles amenazas o peligros, que nos permite evitarlos o prepararnos para afrontarlos. Esta respuesta consiste en una activación que afecta a varios sistemas de nuestro cuerpo (muscular, circulatorio, respiratorio, hormonal...) y que está orientada a eliminar una amenaza mediante la huida, la lucha o, en menor medida, la paralización. La activación se traduce en descarga de adrenalina, tensión muscular, sudoración, aceleración del pulso y de la respiración, etc.

A este nivel, la ansiedad forma parte de los mecanismos naturales de que disponemos para adaptarnos a los imprevistos que pueden ocasionarnos algún daño y, como tal, no es un trastorno ni una enfermedad. Es más, como dispositivo de alerta y emergencia, la ansiedad lleva instalada evolutivamente en nuestro cerebro desde hace millones de años y es muy eficaz en el medio natural, donde se desarrollaron nuestros antepasados. Por ejemplo, si durante su batida de caza alguno de nuestros ancestros se cruzaba con un león, podía salir corriendo y esperar que no le alcanzara; tal vez si estaba lo suficientemente lejos podía quedarse agachado hasta que el animal hubiera pasado de largo; o, en último caso, si no tenía otra opción se vería obligado a luchar con la fiera para salvar su vida.

Sin embargo, esta herramienta tan útil para la supervivencia de la especie pierde su eficacia ante las exigencias de nuestro entorno actual, donde las posibles amenazas y peligros suelen provenir de un variado mundo de interacciones y situaciones sociales: la vida en pareja, el entorno laboral, las situaciones de evaluación, las diferentes presiones sociales (roles, estereotipos, expectativas...), la sobrecarga de tareas, etc.

Como es evidente, ante dificultades de este tipo no ayuda correr, quedarse inmóvil o pelearse. No obstante, la respuesta natural de ansiedad sigue despertándose de manera automática, pues la interpretación que nuestro cerebro hace sobre dichas situaciones sigue siendo la de amenaza y, como tal, desencadena el mecanismo que tiene programado para ello a pesar de que no nos sirva para afrontar el problema.

Es aquí donde comienza el malestar, que puede acabar derivando en un trastorno de ansiedad caracterizado por síntomas fisiológicos como:      

Sudoración

Palpitaciones, taquicardia, dolor de pecho

Sequedad de boca

Temblores

Tensión muscular

Dificultades para respirar, sensación de ahogo

Mareos, inestabilidad

Dolores de cabeza

Náuseas, vómitos

Diarrea, estreñimiento, aerofagia

Micción frecuente

Problemas sexuales

             

Además de estos síntomas que afloran en el cuerpo, muchas veces aparecen pensamientos y comportamientos que también forman parte del cuadro de ansiedad:

Pensamientos recurrentes de preocupación

Pensamientos distorsionados, no realistas

Sensación de agobio

Llanto

Miedo a perder el control, a volverse loco/a

Sensación de muerte inminente

Dificultades para concentrarse

Olvidos, despistes

Irritabilidad, inquietud, desasosiego

Evitación de determinadas situaciones

Inhibición o bloqueo psicomotor

Obsesiones y/o compulsiones

             

Como decíamos más arriba, la ansiedad se desencadena por la interpretación que hacemos de las cosas que nos suceden, pero además esta interpretación puede ser errónea y estar sesgada por multitud de factores que no nos permiten ver la realidad tal y como es, o bien nos impiden poner en marcha estrategias adecuadas de afrontamiento. Algunos de estos factores son las experiencias negativas previas, los problemas de inseguridad y baja autoestima, vivir dentro de una situación de maltrato, los esquemas y creencias disfuncionales, etc.

Por tanto, en la consulta de Psicología el trabajo psicoterapéutico irá encaminado a reducir el malestar que provocan los síntomas de ansiedad pero, sobre todo, ayudará a la persona a comprender en profundidad aquello que desencadena las sensaciones de amenaza, miedo y pérdida de control. Aunque es necesario desarrollar herramientas personales que nos permitan manejar los síntomas de ansiedad, sólo comprendiendo su origen podremos hacer frente y resolver los conflictos que la causan.